Anales de Tepoztlán

 

Jésus Sánchez García

TEPOZTECATL

Semidiós legendario y poderoso
engendrado y nacido en forma extraña:
hoy te canto en tu rústica montaña
donde tienes tu templo fabuloso
custodiado por cimas y cizañas
y envuelto con un mito misterioso.

Tu nacer fue indeseado: cuando niño
¡te arrojaron a erizados maguayales!
pero ellos con sus pencas maternales
te abrazaron con terneza y con cariño. . .
¡y te dieron a beber jugos vitales
tan blancos como la hostia y el armiño!

Tus padres adoptivos muy dichosos,
de mirarte crecer fuerte y robusto,
te enseñaron el camino recto y justo
que deben de seguir los decorosos ...
¡y tú eras un infante que en lo adusto,
estabas destinado a ser grandioso!

Al arcaico dragón ¡fuera mundana!
que acaba con la vida del anciano,
¡destrozaste sus entrañas con tu mano
dejándote tragar con obsidianas
liberando a tu pueblo soberano
de esa fiera terrible y suprahumana!

Fue una muestra ejemplar de tu grandeza
ese encuentro suicida y disparejo . . .
¡Desde entonces los jóvenes y viejos
no dudaron de tu audacia y fortaleza!
y al mirarte de cerca o desde lejos
¡fuiste el símbolo viril de la proeza¡

Tu pueblo te hizo rey; oh tepozteco
valorando tu poder y valentía
tus montañas conservan todavía
aquel momento ritual entre sus huecos,
y el auténtico tañir de chirimía
¡aún se escucha en los álitos del eco!

Como rey, fuiste honrado y justiciero
y vestiste sencilla indumentaria,
más tu fuerza y destreza temerarias
se dejaron sentir en el guerrero
que trataba de invadir la milenaria
pirámide construida en anti-estero.

¡Tepetlannchane! ¡indígena de hierro!
¿Cómo explico tu poder alucinante?
¿Cómo hacías para estar al mismo instante,
en las cúspides abruptas de los cerros?
¿Qué poderes tenías hombre gigante
para hacer con tu orín y cencerros?

Tu humildad era mucha: ¡no era poca!
conocíanla en la amplitud de tu floresta:
cuando fuiste invitado a aquella fiesta
para reyes que vestían su mejor ropa . . .
¡te ignoraron por lo escueto de tu testa,
por tus prendas de vestir viejas y rotas!

Regresaste a tu reino y te vestiste.
¡Con tus galas de rey te coronaste!
A la fiesta suprema regresaste:
¡La comida que te dieron te la ungiste!
y con ello al monarca interrogaste:
¿el valer en el hombre es lo que viste?

¡Tepoztecatl! ¡Magnífico portento!
de esta tierra tlahuica y soberana:
¡aún tañe en catedral esa campana
que izó bajo órdenes el viento. . !
y allá en la capital, cada mañana,
despierta al palomar con sus lamentos.

En pago a esa labor solo te dieron
varias palomas en cofre prisioneras:
le pediste a los tuyos no lo abrieran
pero ellos jamás obedecieron ...
y ansiosas de saber lo que aquello era
¡Las riquezas del pueblo se perdieron!

¿Es por eso, oh rey, que padecemos
el saqueo y la invasión por extranjeros?
¡Somos siervos, muñecos, limosneros,
en el propio terruño do nacemos!
¡Aconseja al nativo traicionero
que no venda al destructor lo que tenemos!

¿Dónde estás, Gran Señor, que no te veo?
¡Me niego a concebir que tú hayas muerto!
¡Yo te escucho en el límpido concierto
que entonan las encinas y el poleo!
¡Manda al viento en huracán! ¡Vuelve desierto
a tu pueblo que ha olvidado tu deseo!

Son muy pocos los oriundos que han guardado
la pureza esencial de tus raíces:

¡ellos son los que siembran los maíces
que alimentan al feto mancillado!
¡Ellos son los que viven felices
rescatando los bienes que han robado!

Eschucha el teponaztle: ¡aún existe!
¡Todavía hay gente que guarda tus tesoros!
y en su canto, espléndido y sonoro
recordamos de donde lo trajiste:
y en honor a tu límpido decoro . . .
¡¡Nuestro pueblo a olvidarte se resiste!!

Jésus Sánchez García