Anales de Tepoztlán

 

La Portada de Semillas de Tepoztlán en 2001

Tepuz-tlan
“Lugar donde se venera el cobre”


Tepoztlán, es la cabecera del municipio del mismo nombre en el estado de Morelos, y se compone de ocho barrios y varias colonias de reciente formación, asi como de siete pueblos ubicados a su alredor.

El escudo que lo representa, se conforma por un hacha de cobre con su mango, clavada a una montaña.

El nombre de Tepoztlán viene del náhuatl “Tepuz-tlan”, que significa “lugar en el que abunda el cobre”, o “donde se venera al cobre”.


La Madre de las fiestas de Tepoztlán

1) INTRODUCCION

Esta vez los tepoztecos abren las flores de su corazón y comparten la cuenta de sus fiestas más importantes de la cabecera municipal, durante un año, a través de la portada elaborado con las sesenta y cuatro semillas de la región con sus respectivas formas, tamaños y colores. Parece un arco florido que brota de la tierra, que lo sostienen por un lado las creencias y costumbres prehíspánícas lejanas y por otro las católicas; luces y sombras de nuestra realidad en un canto a nuestras tradiciones.

El arco de semillas de la parroquia de Moría Natividad es parte de una espiral que se rehace y transforma cada año. Hay voces en la calle, que dicen que “los tepoztecos son más fiesteros que católicos” y hasta pareciera que les hace falta días para festejar. Tepoztlán es un pueblo religioso al igual que el resto de¡ país, que vive una transición de sus fiestas, creencias y costumbres de agrarias a citadinas, de sincréticas prehispánico medievales a capitalistas; para llegar quizás algún día a la sencillez primigenio del pensamiento humano, pero con consciencia quienes los que hace para sí mismo y la naturaleza, pues ambos son la unidad de la vida en la Tierra.

Hay quienes piensan que la portada de semillas es una “máscara hermosa” que protégé las contradicciones de la desigualdad económica, política y cultural de la sociedad actual, los que somos mayoría, respetamos y toleramos las diferentes opiniones religiosas, paganas y ateas de la heterogeneidad social de Tepoztlán. Los comerciantes en pequeño organizados han vuelto a cooperar, juntando los colores y lo sagrado en sus manos, para ofrecer a todos los ojos que aún miran a su interior esta artesanía.

El colectivo tiene raíces profundos de las maneras de pensar, sentir y actuar. El orgullo y dignidad sostienen nuestras desiciones de seguir siendo nosotros, construyendo todos y aceptando lo foráneo que beneficia y enriquece nuestra cultura. El esfuerzo colectivo es de conciencia, voluntad y está en pugna con los intereses egoístas e individualistas que fomenta el capitalismo. Dos maneras de concebir la vida, una que nos viene de muy lejos, latiendo en nuestro corazón y la otra a fuerza de repetirlo en los medios de comunicación masíva enferma nuestras mentes.



2) PARTE IZQUIERDA DE LA PORTADA

Esta vez empezaremos a describir la portada por la izquierda hacia arriba, para descender por la derecha porque así está acostumbrada nuestra mirada y la manera de concebir la unidad del espacio-tiempo.

2.1. Año Nuevo


El nuevo amanecer de un año los tepoztecos (os) lo visten de fiesta con un collar de meses y días que el humano pensamiento llamó tiempo, para organizar las actividades del día, y la noche la ocupe para dormir y soñar. Por eso en diferentes lenguajes el hombre saludó a su hermano en un "buenos días" y en un "buenas noches". Después, él dividió el día en mañana y tarde, hasta llegar a las horas, minutos y segundos conforme avanzó en la tecnología y la ciencia.

La mayoría de los tepoztecos y tepoztecas de todas las edades van a misa de las once de la noche del 31 de diciembre. Después se trasladan rápido a los corredores y patios de sus casas a esperar las campanadas de las ocho iglesias de los barrios y de la parroquia de María Natividad, que anuncian la ¡da del “año viejo" y la llegada del "nuevo año".

Los últimos minutos del "año viejo" se viven intensamente, como haciendo un recuento de los que se hizo en cada uno de los días y que nuncan volverán, porque se van junto con la vida de cada uno de nosotros. En muchos rostros hay angustia y un cierto miedo; aunque también esperanza y alegría.

Todos los presentes en los patios rodean la fogata como adorando al dios de los pueblos primitivos. Unas veces vemos nuestra imagen interior en los rostros de los otros y las otras en el cielo estrellado, que nos hace sentir chiquitos. Los abuelos nos anuncian de como será el siguiente año a través de la luz de la Vía Láctea, que aunque lejos llega hasta nuestros ojos y de la lluvia de estrellas" que siempre caen en esa noche.

A finales de los años veinte del siglo XX esta fiesta estaba compuesta por dos "mandas": "Cerahpa" y "Castillohpa". Es decir después de la revolución iniciado en 1910, los pobladores de Tepoztlán querían paz y unión. Con ese pretexto ellos se reunían a compartir el mole verde, los tamales, el tepache y la plática en casa del mayordomo (a) de la cera y del castillo. La primera se velaba en la casa del mayordomo y en la Iglesia grande". El castillo se deshacía en luces de colores en el atrio de la "iglesia grande" o enfrente de la placita de entrada a la escuela "Escuadrón 201 ".

Después esta fiesta de unidad tepozteca se dispersó en fiestas de los patrones de los barrios y colonias, en fiestas de sectores sociales familiares e individuales.

2.2. Los reyes

Después vienen los cantos de pastores guiados por sus tres reyes. Algunos de ellos traen en la punta de un hasta de madera una estrella de varios picos o también faroles, hechos de carrizo y forrados con papel vidrio o de china de varios colores y en su interior una vela encendida o un foco alimentado por pilas. Otros, traen un bastón de madera, que golpean en el piso al ritmo de las guitarras. Cantos que llegaron en los años treinta del siglo XX; hoy son más folklor que escencia campesina, al pasar la población de rural a urbana.


2.3. San Sebastian

En seguida está el lujo de gritos de colores en el cielo de las "bombas" al estallar en el cielo de las nueve de la noche y del castillo en este barrio.

Al día siguiente, por la tarde bajan brincando los "tiznados" al ritmo de los sones del chinelo, que la banda de música contratada toca atrás de ellos, a la plaza central o en el cuadrángulo del zócalo municipal. Antes se tiznaban con el ollín del comal o del tenamaxtle después con grasas o aceites diversos.

Para brincar no se necesita disfraz alguno, sino bastan dos jarritos de ponche hechos de fruta de la temporada con alcohol de caña, quedando hecho todo un bailarín, no importando la edad y el género.

En la fiesta de este barrio y en otros vemos el "torito" y los fuegos pirotécnicos, Los toros llegaron con los chinelos en los ritmos de los sones. El toríto hecho de otate y forrado de cartón es cargado por un jóven y correteo a otros de su edad, él está lleno de buscapies y de luces que cambian de colores en sus espirales que arrojan sus círculos en movimiento hechos de carrizo por sus cuatro lados: mientras de la corona del castillo sale un "remolino" y sube al espacio en cascada de luces blancas entre la noche de nuestra alegría.

2.4. Los moros y cristianos

Esta relación llegó a Tepoztlán en los años treinta de( siglo XX, cuando la mayoría de los tepoztecos y tepoztecas ya hablaban español. Entre íos primeros organizadores estaba don Bibiano Ayala. Todos los que participaban eran campesinos. El objetivo era convertir a los tepoztecos (as) en cristianos, "demostrando" que las creencias en Cristo eran las "verdaderas" y no las de Mahomo. La batalla parlamentario y machetero era por la fe religiosa y por íos banderines que portaban.

Los cristianos sobre sus pantalones enrollados se ponían una falda y en su espalda una capa, azules ambas; usaban camisa blanca. Llevaban en su cabeza un sombrero de tejano café, que juntaban su ala izquierda o la derecha, donde colocaban dos y hasta tres plumas de avestruz de color blanco y azul. En su mano izquierda llevaban un banderín azul y en la derecha un machete largo, con el que golpeaban arriba y abajo con otro que empuñaba el moro. Ambos grupos calzaban zapatos y calcetas cafés.

Los defensores de Mahoma vestían de rojo con una capa negra de tela ligera. Algunos de ellos se ponían polainas de cuero, lentes obscuros, barba larga, espesa y abundante. Su voz era grave y fuerte. En su cabeza llevaban una corona con estrellas y una luna, en su mano izquierda un banderín de tela roja y en la derecha su machete largo. Del choque de machetes o de alguno piedrecilla en el suelo del atrio de la iglesia saltaban chispas.
Los organizadores elegían para representar a los moros gente alta y fuerte, para ser vencidos uno a uno por los cristianos menos fuertes, pero que "peleaban" en colectivo. La "relación de moros y cristianos" fue desapareciendo con los campesinos.

2.5. El brinco de los chinelos y la cuaresma

El carnaval es parte del cordón umbilical de la cuaresma, por eso en la portada aparece el "Domingo de Ramos", la "Semana Santa" y el "Domingo de Pascua" como una unidad católica. Terminando el carnaval, inicia la cuaresma con el "Miércoles de ceniza" y con los viernes de abstinencia de carne y sexo. Las ferias se suceden en honor a los crucifijos con leyendas cada uno de ellos.

Las mujeres el "Domingo de ramos" en Tepoztlán llevan en alguno de sus brazos un ramo de laurel revuelto con cedro, una palma de cuyas hojas van meciéndose pajaritos y mariposas al ritmo de su andar, predominando los crucifijos, como sí arruyaran el triunfo de las creencias de su fe religiosa. Las flores naturales van sonrientes entre los aromas el ramo. La festividad es pos su amor a Cristo, pero también a los olores vegetales.

La procesión de ramos se inicia en la iglesia del barrio de la Santísma Trinídad, de donde sacan en hombros la escultura que representa a Cristo montado en un burrito en su entrada a Jerusalén. Llegando a la parroquia el cura da el inicio al recorrido por las calles del primer cuadro o en el cuadrángulo procesional de la parroquia de María Natividad. En columnas de ambos lados de "Jerusalán" van mujeres de todas las edades y niños (as) principalmente, llevando en una mano una cera prendida, en el otro brazo su "ramo" y respondiéndo en coro a letanías religiosas. A ratos se escucha la banda de música que va a trás de "Jerusalén"; luego el ritmo onomatopéyico de totonkí-tamali del teponaxtle prehispánico de mucha historia que lo llevan adelante. El cura explica el pasaje bíblico y bendice
con agua de flores los ramos.

Finalmente "Jerusalén" lo regresan a su barrio, donde
reparten los mayordomos agua fresca de frutos a los acompañantes. En esta procesión hay menos gente que en su ¡da, quizás porque su religiosidad también requiere de alimentos que deben preparar.

Los "dios santos" como en el resto de la población del país son jueves de descanso y viernes aunque una gran parte de los citadinos toman los días como diversión. En Tepoztlán Cristo para las diferentes escenas de la pasión recibe los nombres de "El Señor de las tres caidas", "El Señor de los azotes", "El Señor crucificado" y el "Santo entierro". En estos dias las imágenes de los santos las cubren sus mayordomos (as) con una tela morada y adornan sus altares con frutas cítricas y algunas de ellas, les clavan banderitas de papel de china blanca y morada. De los años cincuenta del siglo XX para atrás, en toda la semana no se podía ofender a nadie con la palabra u otras acciones, porque "era ofender a Dios". Pocos pobladores se vestían de luto: un buen número de ellos ayunaban y pasaban la mayor parte de los días en la iglesia "grande" orando y meditando; en su atrio se representaba la pasión de Cristo con la actuación de los "judios".

Hoy, velan los barrios de Santo Cruz y Santo Domingo sus "Cristos" antes de llevarlos con cantos y rezos a la parroquia. El viernes es el día más importante, pués participa la mayoría de la población por no decir todo: en la procesión por la mañana en las "tres caídos"; a los tres de la tarde en la crucificción, escuchando la interpretación de las "siete palabras" y oscureciendo en la procesión del "Santo entierro", de Dimas y la "Dolorosa".Los hombres predominan en el acompañamiento de las primeras dos imágenes y las mujeres en la tercera.

Atrás del "Santo entierro" va el grupo de músicos tocando el "miserere" triste y monótono que enseño posiblemente el presbítero Pedro Rojos Zúñiga en los años veinte del siglo XX, alternando con un canto lento y doloroso sobresaliendo las voces de los hombres. Los instrumentos musicales que utilizan son trombones, trompetas, cornetines y corno. La procesión termina cuando los mayordomos untan a las heridas símuladas del "Santo entierro" un ungento, que vuelven a secar con un algodón que reparten a los abundantes solicitantes y creyentes.

El sábado de gloria, el cura celebra la misa a las once de la noche, en la capilla abierta, como en los primeros tiempos de la evangelización. El "fuego sagrado" se hace descender en juego de pirotécnía desde el campanario a un bracero de donde se tomará para encender el "cirio pascual" u de éste a las ceras de los (las) creyentes, éstos“repican” las campanas de la parroquia, pues "es la resurrección del señor", en vez de la "matraca" hecha de madera que la hacen vibrar dos hombres el jueves y viernes santos.

Los tepoztecos y no tepoztecos el "Domingo de Pascua" equilibran su religiosidad con el gusto de brincar con los sones del chinelo. Brincar al chinelo es vivir como tepozteco y morelense; pues hasta los moribundos solicitan que en su sepelio les toquen los sones del chinelo y uno que otro reparo de los toros, para no darle gusto de seriedad a la muerte, pues todo la vida en la tierra es una alegría. En la portada vemos la bandera de las "Comparsas Unidas" en la diversidad de Tepoztlán. Así termina este ciclo de fiestas religiosas y en parte paganas.


2.6. Las dancitas de San Pedro

En la cuento de los fiestas de Tepoztlán sigue la celebración de San Pedro con su león a un lado, el 28 de abril. A finales de los años veinte del siglo XX llegaron las "danzas" con sus seis rítmos de músico cercanos a la alegría de lo sones del brinco del chinelo; los danzantes en dos columnas y vueltas a la izquierda y a la derecha una y otra vez. Después en el atrio tejen en listones de colores la “granada" en entrados y salidas del círculo con su listón estirado desde la punta de un poste de unos tres metros de alto hasta sus manos y lo sostienen hombres en el centro. La "granado" en colores, que tejen en pasos y sonrisas los niños y niños pueden ser la adoración del "árbol florido" de Tomoanchan, que quedo en el inconsciente de los tepoztecos.

Los niños y niños se viste igual: una falda brillosa que puede ser de diferentes colores y una camisa de popelina generalmente blanca, un paliacate florido al cuello por un nudo por delante, pasando las puntos por un anillo. En su frente una diadema negra, dorada o combinada; atrás una flor que le cuelgan listones de colores. De ahí mismo salen verticales de una a tres plumas que pueden ser de diferentes tamaños y colores, y ocasionalmente son las mismas que ocupan en su sombrero de chinelo. En sus manos llevan un arco florido o puede ser también de madera de diferentes formas geométricas en su canto. Por tres días los niños vestidos de flores bailan en el atrio de la entrada a la iglesia de San Pedro.

2.7. La Santa Cruz


Después sigue el mes de mayo y ahí los creyentes del barrio de la Santa Cruz la celebran. Anteriormente se adoraba y adornaba con collares de "flores olorosas de mayo": blancas, amarillas y rojas las " cruces de camino" y los pozos de agua. Hoy todos las cruces se celebran y con más ruido donde hay una construcción.

Este barrio es de los más organizados religiosa y civilmente , para trabajar en coatéquitl (colectivo): los empedrados de sus calles, cultivar la tierra del "santo", componer la tubería de agua potable que abastece el barrio, limpiar de manera permanente el atrio de la parroquia de María Natividad los sábados y para deshierbar el camposanto. Pero también son diestros en la construcción de "monigotes" y personajes que quieren ridiculizar en la fiesta del carnaval, hechos de carrizo y de cartón. Ellos son los maestros de la pirotécnia de la región. En la calle de enfrente de su iglesia vienen dos grupos de "arrieros" de San Miguel Almayo a bailar sones con guitarras y violines, al tiempo que reparten a los asistentes enceres para el hogar. Los del barrio de Santa Cruz a su vez les corresponden llevando el brinco del chinelo en su fiesta patronal. También hay intercambio de regalos, de cantos, flores y sobre todo de amistad.

Abajo en la portada se asoma un perro alegre, de esos que por aquí abundan en las calles y en la plaza, pintados en blanco en las fachadas de las rocas desde épocas prehispánicas y que actualmente cada casa tepozteca cuenta por lo menos con dos canes, para que les cuiden la casa y la milpa, y acompañen de día y de noche los sueños de su vida.


3) PARTE DERECHA DE LA PORTADA

3.1. El Jubileo


En la parte derecha de la portada siguiendo el arco de bajada tenemos la fiesta del jubileo o celebración de la "Resurrección de Jesucristo" por el cura y las vecinas de algunos barrios. Ahí realizan procesiones por las calles principales; adornan con flores naturales y/o de papel crepé con formas geométricas diversas, las paredes de las casas que dan a la calle, de barda a barda o sobre los pocos tecorrales que quedan. En cada esquina del cuadrángulo de la manzano principal donde esta la iglesia ponen una mesa con flores y un mantel, donde el cura descansará el santísimo. Los hombres hacen estallar cohetes anunciando donde se encuentra el colectivo y algunos mayordomos colectan limosmo para pagar una bando, para amenizar esta caminata cantada y musicalízada.

Después viene la fiesta del viejo barrio de Atenco (lugar-orillo-agua), celebración de Santo Domingo de Guzmón, iglesia con panteones adheridos al igual que la primera iglesia de todo Tepoztlán en Teopantzolco/Teopantitla (lugar-ligadura-paredes-dios). En la fachada de la iglesia adornan ocasionalmenle con flores blancas extraidas de las cabezas de maguey del

citolli.

3.2. La natividad y las fiestas patrias

Sigue en la cuenta de fiestas de Tepoztlán las de septiembre en el que celebran: el “Reto contra el Tepozteco", "María Natividad", las "fiestas patrias" y la "eloteada".

Las primeras dos fiestas están relacionados con la evangelización y bautizo del tepoztécatl legendario. Es como el inicio del sincretismo religioso prehispánico y europeo, que puede que tenga raíces lejanos, pero parece que la obra dramática que se representa en náhuatl y en español en la plaza pública (siempre ha sido así) es producto de una reforma en la revalorización de la cultura indígena después de terminada la revolución iniciada en 1910. Este sincretismo no ha terminado, pués la descripción y la narración de la portada de semillas son parte de este proceso.

"Las fiestas patrias” es la celebración del inicio de la independencia política de México, aunque los gobiernos actuales siguen entregando la economía y la cultura de nuestro país al imperio del capital, con el pretexto de la globalización.

Se ve en la portada un águila clavando sus raíces en lo más profundo de nuestra escencia mexicana y Tepoztlán por sus paisajes de rocas es "nido de aguilas". También esta presente un cañón que dispara "justicia, libertad y soberanía" y es que en Chiacuasérnac (lugar mano- seis) se fundieron cañones según la tradición, desde la época de la aparición de El Plan de Ayutla hasta el triunfo j u a r i s t a sobre los, franceses. La prueba está en la tiznada de una de las cuevas más grandes de Tepoztlán y los montones de ceniza
que todavía se observan. Chiacuasémac: lugar histórico olvidado y descuidado por todo un pueblo.

El 15 de septiembre se lee la carta de independencia. Los jinetes sobre sus caballos realizan una marcha de antorchas por las calles principales hasta la plaza cívica. De los años cincuenta del siglo XX para atrás las fiestas patrias se celebran también con jaripeo en la plaza pública, carreras de caballos y de cintas, y un baile después del "grito" con música viva. Esta noche puede no haber que comer, pero las armas "cortas" de todas las marcas aparecen en las manos de los hombres y una que otra mujer; las bocas de los cañones arrojan fuego y balas de todos los calibres; ésto no es más que una advertencia a los gobiernos injustos y corruptos.


El 16 de septiembre es la fiesta de ritmos de marchas con "bandos de guerra" de las escuelas primarias hasta el bachillerato, a veces con tablas gimnásticas al igual que el "20 de noviembre". Los niños, adolescentes y jóvenes les gusta entrar a la escuela pública; lo hacen con el deseo de exhibirse más que de tomar consciencia histórica del hecho. Sólo dos veces en el siglo XX no marcharon los escolares; lo hicieron en su lugar sus padres, madres, ancianas y todo adulto (a) que quiso participar. Esto sucedió en los años de 1995 y 1996, cuando ellas marcharon dignas: unas vestidas de blanco, la mayoría como pudo, con rebozo entrecruzado a la manera de guerrillera zapatista y paliacate rojo al cuello, con el puño en alto y sosteniendo como fusil un garrote, para expresar en coro consignas de rechazo a la construcción de un campo de golf. Sus pasos no eran rítmicos, porque muchos de ellas no fueron a la escuela, pero eran firmes y su decisión de orgullo de tepozteca y campesina se veía en sus rostros. Ellas marcharon porque no aceptaron las amenazas de un gobernador estatal narcotraficante de masacrar al pueblo, ni tuvieron miedo de morir por él y por sus hijos. Por la tarde en la plaza pública hay competencias deportivas. Los jóvenes sueltan globos de diferentes formas geométricas y tamaños de papel de china, que conforme suben, van perdiendo sus colores entre tanto azul y quedando en un punto de luz en la noche, sobre las líneas de las montañas más altas de Tepoztlán.

3.3. La tlashqueada

La "elotada" del 28 de septiembre es un remanente de amor a la semilla más importante que dió vida a las culturas prehispánicas de México. El elote tierno trepado en las alturas de los tallos verdes de la planta del maíz, que se asoma en sonrisa de alimento entre sus brazos abiertos al cielo. Los que siembran semillas tradicionales con coa, yunta o tractor y algunos pequeños ganaderos son los que celebran este día, invitando a su familia, a sus amigos y compadres. Ellos cortan elotes tiernos de su milpa, les quitan una hojas externos, para colocarlos sobre la lumbrada con el cabellito hacia arriba, para que con el vapor de lo verde de sus hojas se cuezan y tomen un sabor muy de esta fiesta.

Algunos llevan comida complementaria en sus canastas de tlacualeras, un aperitivo que no puede faltar para decir: ¡salud!. Esta bebida posiblemente primero fue de pulque o de tepache; después de frutos de la temporada y de leche con alcohol de caña. La mayoría de las veces se pasan de cucharadas ya entonados con la beberecua, se ponen a cantar con o sin guitarra, y a veces hasta a bailar con música que sale de su grabadora. No falta una que otra declaración de amor, pues la bebida es "saca palabra" y les da valor a los asistentes a este encuentro.

Los elotes salidos del fogón (hecho con ramas secos de los arbustos) se pelan calientitos y la mayoría los come así, y otros le ponen limón y sal; "eso de ponerle mayonesa es una costumbre de ciudad". De dos a cuatro elotes son suficientes por persona, pues "son llenadores".

Regresan de la elotada no sólo alegres, sino abrazados las parejos y los compadres. Las canastas o morrales vienen llenos de elotes cocidos y crudos con hoja.
Ir a la milpa al tiacolol o de plano robarse unos elotes por donde se pueda, para ir a la tlashqueada sobre una loma o montaña, antes era una tradición general, por no decir obligatoria, pues era como una religiosidad sobre el maíz. Era un amor al paraíso terrenal, por todos lados se observaban manchones de flores de colores y olores diferentes, mariposas y hasta animales silvestres se acercaban a los fogones para comer la comida sobrante; aunque los perros no les dejaban de ladrar.

Entre ese monton de flores el campesino sin saber desde cuando escogió una flor olorosa a miel y a septiembre: el pericón amarillo, con el cual hace cruces para colocarlas en las cuatro esquinas y en el centro de su sementera, para que el diablo hecho viento por esos días no se revuelque sobre las cañuelas de maíz que muchas veces ya no alcanza a madurar la mazorca.

Además, él se lleva un buen ramo para elaborar más cruces y colocarlas arriba de las ventanas y puertas de su caso, para ahuyentar el maligno. Esta imágen esta asociada a San Miguel Arcángel, que entre sus pies tiene dominado bocarriba a Satanás en forma de dragón, pués el día siguiente es la celebración de ese personaje. Los vecinos de la iglesia del barrio del mismo nombre colocan desde el inicio del atrio hasta la puerta del templo postes, en los que adhieren ramos de flores de pericón en forma de espirales; estas flores escasear debido a que curanderos las acumulan para algunas enfermedades digestivas.

Para los niños era un día de juego y no había clases, e incluso su mismo maestro (a) los llevaba a la tlashqueada. A veces pasaban a darse un remojón en alguno poza de las que abundan a lo largo de los dos arroyuelos, que salen de Axihtla (lugar-obligo-agua) y del Chalchitépetl (cerro-piedras preciosas), ambos atravesando el valle de Tepoztlán y se unen en Tlaltepetlapa (lugar -estera -piedra -tierra), para irse a la barranca de Santiago Tepetlapa (lugar-estera -piedra) y al valle de Amilcingo, para depués tomar el camino al río Balsas en Yautepec.

La "tlashqueado" era una de las fiestas principales de los campesinos, que va desapareciendo junto con ellos.

3.4. Los días de muertos

Después de la abundancia del fruto del campo viene el "Día de muertos" o más bien la convivencia de los tepoztecos (as) con los difuntos, ofreciéndoles lo que cosechan del campo. El 31 de octubre se "espera" a los “chiquitos" y el 1 de noviembre en la noche a los "grandes". La muerte llega con nuestra propia vida y toca a cada momento en las puertas de nuestra edad. Aún no nos acostumbramos a ella, a pesar de jugar con ella en las calaveritas de azúcar y de chocolate.

Ciértamente en el altar de los santos se coloca una ofrenda que inicialmente era sólo agrícola, pero con la industrialización se fue enriqueciendo. Es decir, se ofrecía comida preparada y
natural: bebida, flores, ceras, copal y los enceres utilizados por los que se recuerdan en esa fecha. Esos días y esas noches se platica con los muertos. Los tepoztecos y tepoztecas dicen que los espíritus de los muertos se acercan con las tantaneadas de las campanas que empiezan a "doblar a muerto" desde los primeros minutos del 18 de octubre en las iglesias de todos los barrios.

Esa noche se tiene que velar y nadie se duerme en el “cuarto grande" donde las mujeres colocan las ofrendas, porque se lo puede llevar elmuerto, pues se han dado casos: cuentan los abuelos. Esas noches en los sueños de los vivos aparecen los desaparecidos. El cementerio parece el hogar de los vivos y los muertos parecen que viven en las casas de los vivos.

La muerte como parte de la vida nos incumbe a todos y por eso todos la celebran. Los niños, adolescentes y jóvenes piden: "una limosna para mi calavera" hecha de chílacayote vaciada y expresando en su caraverdosa las más diversas escenas alusivas a la muerte o "una limosna para mi muerte" hecha de carrizo y cubierta de papel de china blanca y negra para las costillas, ambos con una vela prendida en su interior. El casero (a) que son de buen humor les contestan "un palo en tu cadera", "que pronto sea esa tu suerte", al tiempo que les dan dulces, galletas, chicles, dinero y sólo a los ocho días, les don más fruta que golosinas. Por los calles de Tepoztlán todo la noche andan grupos de jóvenes vestidos unos de muertes que bailan con los vivos y con música de moda de órganos, guitarras, guiros, tambores o con música de grabadora. Pero a medida que Tepoztlán se urbaniza, el Hallowen estadounidense ha hecho su aparición, por más que los caseros y el Ayuntamiento Municipal invitan al público en general a no utilizar vestidos de dicha celebración, por las calles de Tepoztlán.

Las familias tepoztecas comparten la ofrenda el 2 de noviembre después de ir soñolientos a la misa matutina. Se ofrece al visitante un plato de mole verde o de mole rojo con tamales blancos y de frijol envueltos en hojas de totomoxtle o en hojas verdes del maíz, como recordando que somos los hombres de maíz de la leyenda lejano. Por la tarde van a visitar los panteones donde están sepultados sus seres queridos. Ahí comen, beben, platican, rezan y hasta dejan caer una que otra lágrima por los familiares hechos polvo y recuerdo. Otros visitantes les llevan a sus muertos serenata con trios, conjuntos y bandas musicales.

Así los muertos en Tepoztlán: hablan, comen y se van.

3.5. Fiestas de diciembre

La cuenta de fiestas en Tepoztlán se cierra en diciembre festejando a la virgen de Guadalupe, que sustituyó a Tonanzin (madrecita-nuestra); es cuando uno o dos grupos de niños (as) los visten sus madres de inditos (as), para que vallan a cantar el xochipitzahua (menuda- flor) en las iglesias que tienen una imagen de la virgen aludida. En la realidad social la guadalupana se desdobla en las madres y abuelos mexicanos que perdonan todo a los hijos e hijos.

Luego vienen las posadas y la navidad donde hay un derroche de las supuestos gratificaciones que dan los empresarios y el gobierno a sus trabajadores. Se gastan todos sus aguinaldos en ofertas que los mismos medios de comunicación masiva se encargan de publicitar y en las fiestas que se multiplican e individualizan por todos lados y en toso los sectores sociales. En esta fiesta hay piñatas de a montón con cánticos de niños y niñas.

CONCLUSION

top of portada

Las dos partes de la portada de semillas en su unión por arriba es coronado por la presencia de María Natividad, que parece vigilar el ramo de fiestas y la cuenta de las montañas que rodean al valle de Tepoztlán, y que algunas de ellas su altura la prolongan en pirámídes prehispónicas más alla de lo sagrado. Hoy, esta fiesta pretende unir a los tepoztecos en su diversidad.

Los tepoztecos (as) al igual que el resto de la humanidad seguirán celebrando , "años nuevos". Aquí, unas fiestas morirán, otras surgirán y se transformarán. Pero el tiempo sobre nuestras vidas ya no volvera, pues se nos está yendo a cada instante, de sueño en sueño, de recuerdo en recuerdo hasta quedar hecho polvo, que vuelve a las flores y a un canto por la vida.

lnocencio V. Rodríguez Flores
8 de septiembre del 2001



Diseño y dibujo:
Arturo Demesa Ortiz

Texto:
Inocenclo V. Rodriguez Flores

Financiamiento:
Area tianquixtil, área mercado,
área artesanos lado norte, área presidencia
H. Ayuntamiento 2000 - 2003


Pegado de semillas:
Comerciantes semifijos y voluntarios

Agradecemos a todos las personas que
hicieron posible la realización de este mural, niños,
jóvenes y adultos