Anales de Tepoztlán

La Portada de Semillas de Tepoztlán en 1994


PORTADA DE SEMILLAS

LA LEYENDA DEL TEPOZTECO

Septiembre 1994

ESTO QUE LES VOY A CONTAR, NO SE LES VAYA A OLVIDAR

Tepotzlán, montañas de rocas sembradas de pirámides; vestidas de jade y de turquesa, en donde se trepan árboles sagrados como el amate en un nudo de cruz y de serpiente, que nos habla de la grandeza del pasado; mientras el incienso del copal se esparce armatizando los templos de los dioses y las casas de nuestros muertos, con ramos de flores que huelen a creencias del pueblo.

Hoy, 8 de septiembre como el año pasado celebramos acaso el bautizo en Axihtla de un tlatoani Tepoztécatl prehispánico, en el nacimiento de una nueva cultura mestiza y por eso el acontecimiento está representado por la Virgen María Natividad con un bebé en su brazo izquierdo, mientras lo distrae con los dedos de su mano derecha. Hoy, como el año pasado, con semillas y colores del paisaje tepozteco, queremos ofrecer con gusto nuestro corazón a través de nuestras manos juntas en un trabajo colectivo de niños, jóvenes y adultos; de hombres y de mujeres; de muchas tardes y partes de las noches de las últimas tres semanas.

La portada tiene historia tepozteca y fe cristiana, Se lee de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba en arco. El tema después de varias discusiones, diseños y consultas, decidimos que fuera LA LEYENDA DEL TEPOZTECO, que a pesar de los siglos pasados, no deja de emocionarnos y sin dejar de ser leyenda, aporta muchos datos históricos y sobre todo, por su ejemplo de DIGNIDAD Y DE LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA JUSTICIA.

"La Leyenda del Tepozteco" que se utilizó en este relato y parte en la portada, fue escrita por don Bernardino Verazaluce y don Pablo González Casanova (padre) obtuvo una copia manuscrita de manos de don Genaro Verazaluce, hijo de don Bernardino. La leyenda por su cohesión lingüistica náhuatl y por los datos que aporta, es una de las más ricas.

A medida que pasa el tiempo rasdcando en nuestras raices culturales y en nuestra manera particular de sentir de ser tepoztecos, empezamos a rehacer nuestra historia. Ojalá no estemos llegando tarde a este encuentro para rescatarlaa; para restaurar las zonas arquelógicas y para vigilar las pinturas rupestres tolteca-chichimecas principalmente. Si en 1895, en un mes, nuestros antepasados que eran menos y con recursos limitados restauraron la pirámide del tepozteco y con las piezas encontradas allí, montaron un museo, hoy que somos más y con más recursos, deberíamos organizarnos para iniciar estos trabajos y reafirmar la identidad de nuestras raices. Ojalá, no nos venza, como a algunos, la prepotencia, el egoismo, la ambición del poder y del dinero. No rechazamos la cultura de fuera, pero más sentimos la nuestra, no nos cerramos a recibir la influencia de las culturas actuales, siempre que nos ayuden a comprendernos y a comunicarnos mejor en colectivo y también enriquecer la nuestra.

La evangelización de Tepoztlán fue quizás primero en el templo de Teopantzolco, cerca de Axihtla, después en la capilla abierta y finalmente dentro de la iglesia dedicada a Santa María Natividad. Más tarde en las iglesias de los barrios del "sapo brincador" (Santo Domingo) y de las "hormigas" (la Santisima Trinidad) de las comunidades de Tepetlapa, de Amatitlán, Xocotitlan, Tlacotenco, Zacatepec, Teneshtitla e Ixcatepec, cuyos símbolos en los códices y en la portada son un cuadrángulo pintado a manera de petate, rollo de papel y amarrado por el centro, cerro con un árbol frutal, cerro con un matorral, un cerro con pasto, una roca blanquisca, y un cerro de donde sale un soplo de pureza algodonada, respectivamente. A lo largo de la época colonial se contruyeron más iglesias en los barrios de los "tlacomixtles" (Santa Crus) , de los "gusanos de maguey" (los Reyes) del "ocelote" (San Pedro), del "alacrán" (San Sebastián), de la "hoja" (San José) y en las colonias nuevas.

Esta fiesta se viene celebrando desde la sustitución lenta, pero insistente, de los dioses prehispánicos por los cristianos. No es malo creer en algo, lo dificil es tolerar y respetar las creencias de los otros sobre todo cuando son representantes de religiones y de la sociedad, en que dicen y prometen unas cosas y ya en el poder hacen lo contrario. Tan hermoso es vivir en armonia con las sociedad, la naturaleza y nuestro corazòn, siempre que sepamos escucharlos.

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En el lado izquierdo de la portada vemos una cascada que se descuelga ondulante, en cuya corriente una doncella al mismo tiempo que se baña es preñada, a través de la flor que sale de su frente, por el pico del colibrí, que vuela en colores. El sol con un ojo la mira emocionando y extiende sus tres rayos triangulares de colorín.

Todo esto sucede allá en Axihtla (lugar ombligo-agua), cerca del ahuehuete más antiguo de todo Tepoztlán; mientras el arroyo murmura leyendas entre las rocas y las flores de septiembre. El Dios del Viento (Ehecatl) baja remolineándose a manera del pectoral de Quetzalcoatl, a admirar semejante belleza. El niño, hijo del sol o del viento, no importa; ella apenas los sintío en su preñez. Muchos de los dioses prehispánicos fueron concebidos por una pluma, un ave, un canto, una piedra preciosa y otros objectos apreciados en su tiempo, por su manera de ver la vida; aunque como todos los dioses de las demás religiones, su origen no es humano.

Al nacer el Tepoztécatl, de pecado y vergüenza de creencia española medieval, fue arrojado a un hormiguero por señoras a cambio de comida abundante, para que fuera devorado por las hormigas, pero éstas en vez de hacerle daño le dieron de comer. Y es que las hormigas fueron importantes en la alimentación de los prehispánicos, aun hoy y posiblemente por eso ocuparon un lugar destacado en la creación del hombre, del sol y de la luna, allá en Teotihuacan
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Después lo abandonaron entre las pencas de un maguey. Al otro día al irlo a ver, observaron como las pencas de Mayahuel se inclinaron en pechos que lo amamantaron con su aguamiel; y no era para menos el lugar que ocupa el maguey en la mitología náhuatl; pues era una planta bondadosa a los hombres en las zonas áridas, pues se reproduce como conejos; les era útil el ixtle para sus sandalias, para sus vestidos; las pencas secas para cubrir sus casas; el quiote tierno y cosido se comía o se masticaba, seco les servía como morillos para los techos de sus casas, para colgar en sus arborescencias sus recuerdos y otras cosas; las espinas las utilizaban para pincharse las orejas en autosacrificio y el líquido fermentado con raíces producía alucinaciones en los sacerdotes y adultos, que se les limitaba a beberlo hasta tres copas, en ciertos actos rituales. Un Quetzalcóatl sacerdote perdío sus virtudes por el pulque, por engaños de Tezcaltlipoca.

El Códice de Florencia nos señala que "quando los yndios tenían segado e coxido sus mahizes se emborrachaban y bailavan invocando a este demonio", que hoy podría corresponder a la fiesta de la "acabada" del cultivo del maíz, del frijol y de la calabaza. Mientras en la portada el gusano de maguey observa al niño, en los brazos de Mayahuel y también en la parte final de la cascada, ofreciendo el niño a los dos ancianos.

Como al niño nada le sucedía, lo llevaron con su madre, que construyó una cajita donde lo colocó y un hombre lo llevó a la orilla de una barranca. A la manera del salvamiento de Moisés fue encontrado por un anciano que leñaba, mientras su esposa lavaba y que mas tarde el tepozteco los llamó "abuelos". El anciano gritó y sólo le constestó el rumor del viento; chifló y sólo le respondió la alegría de su corazón, no hace mucho tiempo los habitantes de este lugar construían comunicados de esta manera. La cajita con el niño adentro se la llevaron y en su casa se sorprendieron por el regalo y dieron gracias "a Nuestra Señora la Madre del Pueblo".

Los abuelos simularon el parto y se llevaron a cabo la distribución de las actividades propias de la mujer por los demás familiares, a manera de coatequitl, hasta llegar el baño del temazcal, para volver a retomar sus actividades hogareñas. Pero el niño creció hasta llegar a ser jovencito y pidió a su abuelo indumentaria de cazador, sus sandalias, sus flechas y su cárcax, para pasear por el campo y las calles. Abrazó a su abuelo en agradecimiento y le dijo: "mientras viva, (....) te querré y he de ver por ti cuando te enfermes. A ti y a mi abuela a ambos les daré un buen entierro". Le preguntaba al abuelo qué quería comer y flecheando hacia el sol, caían conejos, venados, ardillas, pájaros. Acaso era un chichimeca, cazador de soles, de lunas en su mitología y de animales menores. Los ancianos se sorprendieron de este joven y se dijeron: "Quizá sea hijo del Aire".

Por entonces, el gigante de Xochicalco comía gente y se reservaba los ancianos, que en el retablo está reprentado por las dos serpientes emplumadas en el centro del arco. El anciano empezó a entristecerse.

Los auxiliares de gigante llegaron a su casa y "salió a saludarlos, los hizo entrar a la casa". "Nosotros no quisiéramos llevarte tambìen tenemos hijos; pero ¿qué quieres que se haga?. A todos nos ha de pasar lo mismo, y así tiene que ser que hemos de dar de comer a nuestro amo". El anciano pidió que nomás que llegara su hijo. Inclinó su cabeza y escuchó su corazón para saber como despedirse sin preocupar a la anciana. Al entrar el Tepoztécatl encontró a su abuela abatida y llorando, y entonces buscó al abuelo para preguntarle si era verdad. "¡Abuelo! ¡No te aflijas, ni te entristezcas! (...) tú no irás a ninguna parte; y yo soy quien irá en tu lugar..." Y así lo comunicó a los topiles o auxiliares del Xochicalco, que accedieron y pidío a sus abuelos que estuvieran en Cozcatzingo (lugarcito -piedras preciosas o collar), para ver el humo negro que anunciaba su derrota o el blanco su triunfo, como al nombrar un nuevo papa o como comunicación visual desde lejos. Ya en el camino a Xochicalco fue convirtiendo en rocas a algunos de los topiles (Texcatepec, Texihuiltetl, Tlamatepec). En Tecuescontitla descansó y juntó por los campos de labranza navajas de obsidiana y de pedernal que ponía en su morral; lugar habitado desde hace 2000 años o más, con por lo menos seis pirámides preclásicas en ruinas y en peligro de ser destruídas completamente por la mancha urbana. Los antiguos habitantes de "el lugar de los montículos" fueron guerreros de onda, flecha y lanza. En Temamatlac se bañó y como hijo del viento que era, pasó endelgadeciéndose por entre el cerro del Tepéxitl. "Se puso a dibujar una golondrina sobre un tepetate en el montículo de Chichizcatlan". Por donde pasaba les ponía nombres a los terrenos (Acayocan, Zacatech, Tlacotzinco, Tlatlapancan, Calamatlan...)

Todo el párrafo anterior es rico en tradiciones, en toponimia náhuatl y arqueologicamente. El hecho de comerse a los ancianos el Xochicálcatl no es más que un simbolismo del dominio y del tributo al señor de este lugar, a través de los ancianos "principales" de esa época, de las poblaciones de su alrededor y desde entonces la comunidad es celosa y defensora de su identidad cultural y de sus tierras, sin negar que actualmente hay también quienes por un plato de frijoles son capaces de hacer lo contrario.

Al llegar a Xochicalco regañó el gigante a los topiles por la tardanza y no llevar al anciano. Mandaron a ponerlo en una gran cazuela y se convertía en pescado, en culebra y en gallo que cantaba y no se cocía. Lo arrojaron al horno y se empezaba a transformar en gavilán, conejo, coyote, lobo, tigre, mientras el gigante salivaba de hambre y mandó ponerlo ante su presencia para preguntarle: "¿Quién eres tú, muchacho?" El tepozteco le contestó: "Yo soy el Tepoztécatl (...) Vengo a rescatar a todos los pueblos. Y ahora que sabes como me llamo y de donde soy, ahora dime ¿Que es lo que quieres? ¡Soy de corazón esforzado!". Entonces pide el tepozteco no ser destrozado, salta a la boca del gigante y éste se lo traga entero. Ya en su panza saca sus navajas de obsidiana y pedernal y empieza a cortar las carnes del gigante, al mismo tiempo que éste se revuelve en el suelo de sus dolores. Por eso, lo vemos a la izquierda del arco de la portada tragándose al Tepoztpécatl guerrero, y a la derecha de espalda al suelo con las fauces abiertas, saliendo de ellas al vencedor. Morir para nacer, era la manera de concebir la vida.

Una vez muerto el gigante, apareció un ascendente columna de humo blanco y los "abuelos" se pusieron contentos y volvieron a su casa a esperarlo. El tepozteco de la leyenda es un joven que luchó con su ejército con las armas de su tiempo contra el sometimiento del señor de Xochicalco y al triunfar liberó a unos pueblos, pero posiblemente sometió a otros.

La leyenda dice que el tepozteco en su paso por Cuernavada desde Xochicalco, en una fiesta se embarró el mole en sus ropas de gala: 'pues ustedes sólo saben honrar a la ropa y no a la persona (...) ustedes no saben respetar a un hombre," pues no lo habían invitado a comer cuando se presentó andrajoso.

En esa fiesta quiso tocar el teponaztle, pero se lo negaron y entonces se convirtió en remolino, como una de las formas de representación del viento y se llevó el instrumento musical. El ritmo y el teponaztle se guardaron en el corazón de muchos tepoztecos por cientos de años, hasta que a finales de los años veintes de este siglo, en que se empezó a revalorar la culura indígena, los ancianos "principales" del pueblo, lo dejaron ver y tocar sobre todo a lost niños. El teponaztle se sigue tocando en la velada del "Tepozteco" y en las alturas de la noche, en la víspera de la fiesta de un santo patrono de un barrio. Después pasó a manos de los mayordomos en turno. Hoy para seguridad de la reliquia, símbolo de orgullo y lucha por la libertad del pubelo tepozteco, sólo aparece en danza y triunfo, cada ocho de septiembre.

Los de Cuernavaca encolerizados siguieron al Tepozreco, pero cuando llegaban a un lugar, él ya tocaba el teponaztle en Cuapechco, en Cuacumetla, Cozcatzingo, Conectepec hasta llegar al "Cerro del Aire", de donde había salido su padre el Viento. En este cerro está la cueva aérea más grande de Tepoztlán, que a manera de serpiente negra ondulante, con cola al norte y fauces abiertas al sur, se traga el paisaje luminoso del Valle de Tepoztlán. Dentro de ella, a manera de tatuaje vive esa dios viejo en bajorrelieve con joroba de anciano y pico de ave, junto a otros dioses prehispànicos.

En la derecha de la portada está la escena de "El Reto del Tepozteco". En las cuatro esquinas de la pirámide de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha están los guerreros de Cuernavaca, Tlayacapan, Oaxtepec y Yuatepec, en cuyos escudos se ven los símbolos que los representan (árboles, tierra-nariz-lugar, cerro con un árbol de guaje y un cerro con matorral de pericón o también de maíz azul, respectivamente). El Tepoztécatl se encuentra arriba de la pirámide con su nariguera de dios del pulque y cerca de su cabeza un hacha de cobre; en su mano izquierda su escudo y en la derecha su bastón de mando. Los cuatro "pueblos" guerrearon posiblemente con el tepozteco en la época prehispánica y este hecho fue aprovechado por los dominicos para evangelizar a los nativos. El tepozteco invita a estos vasallos a convertirse al cristianismo, adorando a la Virgen María y ellos le reclaman su aceptacion fácil de dioses ajenos a sus creencias. El Tepoztécatl altivo les recuerda que los ha derrotado en otros tiempos y que al señor de Cuernavaca le quitó el teponaztle, al mismo tiempo que empieza a escucharse su ritmo.

En la base de la pirámide se ve el teponztle ganado por nuestro abuelo el tepozteco, cuyo ritmo se desenreda en un danzante "olmecoide", con una rama florida en su mano izquierda y una sonaja en alto en la mano derecha. Para ellos el canto, la danza y la poesía era una flor a la vida. Ritmos de danza y de triunfo, se escuchan en su "toto-nki, toto-nki, toto-nki, tama-lli, tama-lli, tama-li" o en su "ton-ton, ton-ton, ton-ton y tres toquidos menos graves; cada ocho de septiembre de cada año, en la plaza pública para todos los oídos del pueblo, para que no olviden su compromiso con la historia. Esta obra se viene representando posiblemente desde finales del siglo pasado, interrumpida por la revolución zapatista. Esta representación a pesar de que es una obra evangelizadora, nunca se ha exhibido en algún lugar de la iglesia "grande".

Una reflexión final son las figuras de la parte central de arriba, pues por un lado tenemos a la serpiente emplumada, que se traga al tepozteco, pero que también lo expulsa triunfante y más arriba la Virgen de María Natividad, tomada de la fachada de la iglesia dedicada a ella. Quizás un Quetzalcóatl histórico nació en Xochiatlaco ("barranca florida"), cerca de Coacalco ("lugar-casa-serpiente") que en los inicios de esta tradición popular parecía una afirmación descabellada, pero los comentarios de César Sainz en su QUETZALCOATL, nos trajeron más inquietudes después vino el descubrimiento en cerámica deTlahuizcalpantecutli (Señor del amanecer) y luego una pintura rupestre con plumas que le vuelan a los lados de sus ondulaciones, que viene saliendo de la tierra con dirección al cielo, ante la mirada de la dualidad de la vida y de la muerte del hombre, con una mano enmedio de las dos figuras, con saludo de la cultura acaso Tolteca, Xochicalca o Teotihuacana. Era tanta su virtud y veneracion en la época prehispánica y a los inicios de la colonia, que los frailes dominicos tuvieron que inventar que era un gigante, un monstruo o una serpiente, cuando en realidad representaba a la prodencia del hombre, al esfuerzo colectivo en el coatéquitl y en la producción agrícola en Coatequimilla. Hoy, arriba de ella está la Virgen María y más cerca de nosotros el dios del Dinero, que corroe a muchos hombres, que supuestamente deberían ser herederos de la serpiente empluymada: prodentes, tolerantes, justicieros y humildes con los asalariados.

"Ya oyeron lo que les he contado que cuenta del nacimiento y triunfo de nuestro Tepoztécatl, y así como se los he contado, deberán contárselo a sus hijos, para que no vayan a olvidar la historia de nuestro abuelo el Tepoztécatl", nosotros sòlo decimos; hemos tratado de cumplir con esta leyenda y con nuestra fiesta.

Para todos nuestrol hermanos tepoztecos.
A todos los que aman las raíces culturales de México
Estas son nuestras palabras,
para seguir siendo mexicanos.

A todos los que luchan desde su pobreza
por la justicia, la democracia y la dignidad humanas,
tan en crisis en nuestras dias.

Tambíen recordamos a nuestros muertos
que ya no están, que ya no hablan;
pero que hablaron en vuelo cultural muy alto,
para heredarnos esta grandeza
hoy en ruinas
por el descuido de todo un pueblo.

"Me duele,
sólo por hombre".
Pero me alegra,
este despertar en la unidad tepozteca
de barrios comunidades y colonias.

septiembre 8 de 1994


IDEA Y DIRECCIÓN DE LA PORTADA
Alfredo Martínez Rojas
Rafael Carillo Campos


COORDINACIÓN GENERAL
Bertha Quiroz
Verónica Villamil
María Flores
Simón Rojas
Cecilia Cortés
Ignacio Campos
Lorena Medina
Antonia Sedano
Arturo Sedano
Jesús García
Clemente Noriega
Socorro Murillo
Mario Flores
Adelfa Demesa

TEXTO
Inocencio V. Rodriguez F.

PORTADA DEL ESCRITO
Arturo Demesa Oriz

DIBUJANTES
Adriana Mora
Mayra Conde
Oscar Villamil
Eleazar Ayala
Isaías Ayala

PEGADO DE SEMILLAS EN COLECTIVO O COATEQUITL



González Casanoava, Pablo. TEPOZTECATL (Ciclo Legendario)

González de Lima, Oswaldo. EL MAGUEY Y EL PULQUE EN LOS CODICES MEXICANOS. Segunda Edición. México. Fondo de Cultura Económica. 1978

Rocha Garza, Jorge Luis. "Fotocopias y apuntes de códices".