Anales de Tepoztlán

PALABRAS EN HONOR AL PRESBITERO PEDRO ROJAS ZUÑIGA

EL 30 DE ABRIL DEL 2002

 

Gracias a las autoridades eclesíasticas, al INAH. Al H. Ayuntamiento Municipal de Tepoztlán, a los mayordomos de María Natividad, de los barrios y colonias, a todos los presentes por el apoyo para trasladar los restos del Presbítero Pedro Rojas Zuñiga, del panteón del atrio de la parroquia a la capilla de la torre sur de la misma, a petición de sus familiares y para el bien de todos.

"Esto que les voy a contar no se les vaya a olvidar". El Presbítero nació en el corazón de las rocas de todo Tepoztlán, el 29 de abril de 1872, en el sitio llamado XOCHITENCO y murió el 8 de marzo de 1957. El quedó huérfano de padre a los cinco años. De niño jugó a las canicas con sus amiguitos, vestidos de calzón de manta y dialogaba con ellos en náhuatl. También le gustaba pegar calcomanías.

Cuando se fue a estudiar a las ciudades de Toluca y México, en el Seminario, se llevó el sentir de injusticia del pueblo tepozteco. De joven, junto con su hermano José Donaciano y el tío de ambos Mariano Jacobo Rojas Villaseca organizaron cuadrillas carnavalescas, que después los tepoztecos llamaron "El brinco del chinelo."

Se ordenó sacerdote en 1896 y sirvió a las comunidades de Totolapan, Cuautla y Tepoztlán, todas del estado de Morelos, y también estuvo en el Sagrario Metropolitano de la ciudad de México.
El regresó a Tepoztlán en 1922 y fue respetuoso de las creencias y tradiciones de este pueblo. Organizó una banda de música clásica y popular. El manejaba varios instrumentos musicales y enseñó a solfear a sus feligreses para que la misa fuera participativa, de y para todos. A los niños les organizaba kermeses el 31 de enero de cada año, a jugar y ofrecer flores en la parroquia en primavera. El recuperó por escrito parte de la cultura tepozteca a través de la religión, la poesía y la historia.

Algunos que ya no somos tan creyentes en la religión, le agradecemos a través de este homenaje la herencia cultural que nos dejó y coincidimos con él en hacer lo más y mejor posible, para el humano y la naturaleza.

El fue un jinete bonachón, por los caminos de sus andanzas religiosas, para encaminar las almas de sus feligreses y para cumplir con los principios cristianos. Regresaba de las comunidades de Tepoztlán todo adolorido por el golpeteo sobre las silla del caballo. La compensación voluntaria de sus feligreses podía ser un cuartillo de maíz, un "chavo" o un "puño" de semillas de frijol o de calabaza, unos blanquillos de gallinas de corral y ocasionalmente le ofrecían un pollo. Hoy, todo ha cambiado, los grupos sociales se destruyen por el poder político y el dinero.

Ya con pasos cortos y lentos cambiaba su bastón a la mano izquierda, para poner su mano derecha extendida sobre las cabecitas de los niños "compadritos" y niñas "comadritas" en señal de afecto, en el lugar en que se cruzaban sus caminos. Supo ganarse el cariño y el respeto de los tepoztecos de todas las edades, de hombres y mujeres.

El tradujo del náhuatl al español la tragedia llamada MAQUIZTLI, que se exponía antes de la representación de EL RETO DEL TEPOZTECO, el 8 de septiembre en la plaza pública; pues hablaba y conocía el latín, el francés, el alemán, el náhuatl y el español. La obra fue escrita por su tío Mariano Jacobo Rojas.

El fue historiador en la leyenda de el TEPOZTECATL LEGENDARIO, escrita en 1928 y publicada en 1968, por la imprenta "Rojas". Como estudioso grecolatino inició la escritura a mano de una mitología de esas culturas, que se conserva incompleta.

El fue poeta de altos vuelos con influencia de Horacio. Entre las montañas de rocas de Tepoztlán anidaron los sueños, las águilas y las culturas, desde que el cazador semidesnudo llegóa admirar estos paisajes. El escribió uno de los más hermosos poemas sobre Tepoztlán y lo llamó "Nido de Águilas" incluido en el poemario ECOS LEJANOS, publicado en la ciudad de México, en 1931, por José Donaciano Rojas. También escribió otros poemas religiosos con el nombre de AZUCENAS Y UNA ESPINA.

Por eso todos los tepoztecos y no tepoztecos, que llevamos la bendición de su bautizo, o los que amamos las raíces de la cultura de este pueblo, le agradecemos esta herencia que nadie pelea, pero que fortalece nuestra identidad. Fue un cura para todos.

Hoy, 30 de abril del año 2002, venimos a trasladar el polvo de su imagen y a tratar de retratarnos en el espejo de sus pensamientos y recuerdos, que brillarán mientras existan las montañas y pirámides de Tepoztlán.

Axan ye aniquicahque amechnonotza tlein tlanonotzalli itlacatiliz ihuan onehnemi toteopixqui Pedrotzin. Yehuatzin cualueitepoztécatl, otechamaca tlacatlahuilli uan toteotzin. Tlazocamati.

Ahora ya escucharon lo que les he contado, que habla del nacimiento y la vida de nuestro sacerdote Pedrito. El fue un tepozteco grande y bueno. Nos dio la luz del hombre y de nuestro dios. Gracias.

 

Prof. Inocencio Ventura Rodríguez Flores